Asistentes virtuales y bots en el metaverso

Por Enrique Fraga

En el campo digital la realidad no supera a la ficción; por el contrario, pareciera que la fantasía se adelanta, inspira y marca un camino hacia los descubrimientos tecnológicos que impactan luego en nuestra vida cotidiana. Películas como la legendaria Matrix o Ready Player One imaginaron un escenario que hoy está sucediendo: el metaverso.
 
Minecraft y Fornite, por poner un par de ejemplos, sentaron las bases desde el terreno gamer para que miles de jóvenes inventaran ciudades, personajes e historias. Hoy, con mucha fuerza, los metaversos de Roblox, esas experiencias digitales inmersivas que fabrican los propios gamers, impresionan a nuevas generaciones por la posibilidad que brinda para inventar hasta sus propias monedas virtuales y crear verdaderas economías.
 
Incluso Facebook se ha subido a la creación de experiencias en el metaverso. Hace pocos días comunicó las bondades de Horizon Workrooms, una plataforma de trabajo colaborativo que permite encuentros virtuales y apunta, sin dudas, a optimizar la experiencia de personas acostumbradas a conectarse por zoom en reuniones de oficina. Es decir, ha sacado al emergente metaverso de la vanguardia crypto-gamer-tech y lo ha acercado al resto de los mortales (al menos, a aquellos que cuentan con un Oculus Headset). 

Pero, ¿qué es el metaverso? Es una galaxia de espacios virtuales que muchos consideran como la etapa superior de la Internet como la conocemos, con sus propias lógicas, tendencias y novedades.
 
Claro, si bien los escenarios digitales existen desde el añejo Second Life y la realidad virtual nos fue revelada a la generación X con aquel video de “Amazing” de Aerosmith en los ´90, muchas crónicas afirman que lo de hoy es distinto.
La posibilidad de customizar no solo los propios avatares, sino de producir los propios mundos, sumado a la introducción de la  tecnología blockchain y la tokenización de cualquier producto digital hará de estos nuevos emprendimientos espacios únicos y sostenibles en el tiempo.
 
Ahora, ¿tiene futuro la asistencia virtual en los metaversos? Imaginemos: de volverse masiva y accesible la inmersión en escenarios virtuales, tal como es la intención que ha trascendido desde varias iniciativas, la interacción entre humanos y asistentes virtuales o personas artificiales podría ser llevada a una escala superior.
 
En principio, un buen asistente podría introducir a los usuari@s en la lógica, funciones y potencial del espacio virtual. Es decir, explicar qué puede hacerse allí, cómo, dónde, por y para qué. Veríamos quizá una inversión de roles y de escenarios: hoy en la vida cotidiana muchas tareas se complementan con la actividad de un bot; en el metaverso virtual en cambio las personas y máquinas interactuarían de igual a igual en escenarios artificiales.

Podrían intermediar en la compra y venta de productos digitales, convertirse en animadores de nuevas formas de entretenimiento (¿un bot que ayude a aprender o perfeccionar una técnica deportiva?) o meros acompañantes colaborativos que le brinden un nuevo sentido al pasaje por la realidad virtual, como un renovado Sancho Panza que acompaña a su Quijote.
 
Además, estos asistentes podrán elegir entre ser antropomórficos o por el contrario adquirir formas etéreas. Incluso, el metaverso podrá ser escenario de experiencias que desafíen la realidad convencional: los comandos de voz y los gestos encontrarían en estos ecosistemas una mayor versatilidad para dialogar con un bot.
 
Sí, es cierto. Son demasiadas hipótesis para un mundo virtual cuyo desarrollo y expansión es todavía incierto. Pero, como en otras oportunidades, de crecer estos nuevos metaversos, el límite de los potenciales asistentes estará en la imaginación de desarrollador@s y usuari@s, inspirados en trascender los mundos de fantasía de sus películas favoritas.

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