Bots y educación, un complemento virtuoso

Por Enrique Alberto Fraga

En el campo de la docencia y la educación, como en muchas otras profesiones, existe un abanico de tareas creativas y otras rutinarias. Entre las primeras está la preparación y exposición de las clases, la investigación, la interacción y debate con los estudiantes o la producción de materiales didácticos; en cambio, entre las segundas pueden mencionarse la comunicación de programas de estudio, la asignación de fechas de exámenes, bibliografía, organizaciones de grupos para distintas tareas e, incluso,  la corrección de ciertos exámenes.
 
Sin ánimo de desestimar las posibilidades creativas que la inteligencia artificial desarrolle en el futuro, creo que hoy los chatbots pueden ser útiles en el segundo grupo, es decir, como asistentes para agilizar las tareas rutinarias y estandarizadas de la tarea educativa. A propósito, contaré una experiencia personal.
 
Hace unos cuatro años, motivado por la búsqueda de un mejor engagement entre mis asignaturas de comunicación y mis alumnos, pensé en diseñar una herramienta atractiva que los cautivara. Los chatbots y asistentes empezaban a emerger como novedad y fue así que me propuse armar mi propio asistente.

Fue entonces que pude dar con cursos online de chatbots para comunicadores y periodistas organizados por el Knight Center for Journalism in the Americas, de la Universidad de Texas. Fue una experiencia reveladora en donde conocí plataformas como DialogflowRundexter, entre otras.
 
Ansioso por poner en marcha una plataforma, se me ocurrió diseñar a “Quique bot”, un chatbot publicado en Facebook Messenger al que entrené con toda aquella información que los alumnos siempre me suelen preguntar y repreguntar a lo largo del cuatrimestre: desde fechas de examen, apuntes, bibliografía, consignas de trabajos prácticos, etc… Es decir, aquella información de rutina que todo curso posee.
 
De esta manera, mis alumnos podían interactuar en cualquier momento del día con el bot, que les ofrecía una gama de posibilidades de información. Desde ya, como Quique bot no tenía respuestas para todo opté por sugerir consultas a través de “botones”. Así, por ejemplo, quien seleccionaba “guía de lectura”, recibía una serie de posibles preguntas para guiar el trabajo de estudio. Quien presionaba“parcial”, recibía información sobre fechas y cronogramas; con “trabajo práctico”, información vinculada a las consignas.
 
¿Cómo reaccionaron los estudiantes? Fue muy interesante y, al principio, llamó la atención la nueva modalidad: tener a alguien que resuelva dudas o responda consultas a un ritmo de 7×24. En el analytics del bot encontré consultas realizadas el día previo al examen… a las 4 de la mañana!!!!

Aunque también hay que decir que varios alumnos optaron por formas más convencionales de comunicación, lo que me permitió alguna reflexión sobre la interacción entre máquinas, docentes y educandos.
 
No creo que en el futuro un bot pueda reemplazar a un profesor humano. Hoy pueden cumplir una función de complemento en tareas de rutina, bien estandarizadas. Pero, no obstante, también puede ocupar espacios de asistencia novedosos: por ejemplo, una versión voicebot podría ayudar a personas invidentes en el relato de temas de la clase o, a través del sonido, hacer juegos pedagógicos; también, podría incursionar en formas de evaluación que, a través de preguntas y respuestas, se detecten aquellos puntos más débiles, que sirvan de insights para re-enfocar las clases en consecuencia. El potencial es enorme.
 
Espero que esta columna sirva de inspiración para muchos otros que están ahí explorando las virtudes posibles de la interacción entre los bots y la educación. Está todo por hacerse.

Deja un comentario